Cuando tenía unos 6 años tuve un accidente en el que caí de boca y me hice mucho daño en los dientes y esto me hizo visitar mucho y muy a menudo una clínica dental, en la que me trataban tan bien y con tanto cariño que ahí, tan pequeña, decidí que quería ser dentista.
Entre mi pánico a las agujas y a la sangre, mi vocación de dentista se frustró y terminé estudiando recursos humanos. Pero antes de acabar la carrera, yo necesitaba trabajar y casualmente encontré un trabajo… ¿donde? pues en una clínica dental, en administración claro, lejos de las agujas.
Así que terminé una carrera y un máster que nunca ejercí y tardé muy poquito en sustituir todos mis conocimientos en leyes laborales por términos como ortodoncia de 24 meses, obturación distal del 16, reconstrucción multirradicular del 47, implantes con injerto de hueso… y me empecé a fijar antes en los dientes de las personas que en sus ojos y a darme cuenta de que todos los famosos llevaban carillas de seis a seis.
Aprendí todo el ecosistema de la clínica, organización de equipos, atención al paciente, gestión de agendas y procesos… pero sobre todo, que una clínica dental es un espacio en el que el paciente tiene que sentir que TODO está bien, no solo bajo control, se tiene que sentir en casa, esa familiaridad y cariño, su confianza tiene que ser plena.
Trabajé 11 años en el sector dental y en todo ese tiempo la fotografía siempre estuvo ahí, acompañándome como siempre, desde adolescente. Como un hobby y también como trabajo secundario en el que hacia sesiones de fotografía social.
En 2019 llevaba tiempo dandole vueltas a un cambio profesional y decidí dejar el sector dental para formarme en marketing y profesionalizarme en la fotografía.
Así que desde 2020 soy autónoma y como fotógrafa profesional mis primeros trabajos fueron a lo que conocía, clínicas dentales que querían mejorar su visibilidad digital.
Después de todos estos años, cuando fotografío clínicas siento que he encontrado mi lugar en ellas, que no era como dentista, ni vendiendo presupuestos dentales, sino detrás de mi cámara, ayudando a que esa confianza que el paciente necesita sentir empiece mucho antes de cruzar la puerta de la clínica. Empiece cuando visita la página web. Cuando descubre el perfil de Instagram. Cuando ve los rostros del equipo, los espacios y la forma de trabajar.
Las fotografías pueden transmitir profesionalidad. Pero también cercanía, calma y humanidad.
Y eso es exactamente lo que intento conseguir en cada sesión.